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No estoy viejo; ¡soy un clásico!: Sergio Trejo

elmanifiesto.com.mx
junio27/ 2017

Déjame que te cuente

Por Sergio M. Trejo González.

El viernes próximo, último día del mes cumpliré, primero Dios, 60 años de edad. Eso tiene varios significados y variados reflejos y la oportunidad de parafrasear esas cosas que se dicen cada vez que va uno cumpliendo años… Es tener dos veces 30 años; es reconocer la densidad y riqueza del ayer y lo frágil y precario del mañana; es estar dispuesto a vivir intensamente la década que se abre con la lúcida convicción de que puede ser la última; es ya no posponer los sueños y hacerlos realidad en la medida de lo posible. Es alegrarse cuando, al despertar, a uno le duele algo: una articulación, la garganta, la cabeza, porque significa que estas vivo.

Podemos caer en la expresión filosófica más popular que al respecto existe… No estoy viejo: ¡soy un clásico!

Al margen de considerarse a los de mi edad un modelo de colección podríamos decir que tener 60 años es tener respeto a los espejos, porque no mienten y no volverán a mentir nunca más; tener 60 años es, por fin, saber quiénes son sus verdaderos amigos y amigas y haberse ganado el enorme privilegio de no simular más frente a los otros; es saber decir no cuando es no; sonreír cuando le quieren ver a uno la cara de pendejo… es conocerse a fondo y poder, por fin, dialogar con su cuerpo, conocer los caprichos de su digestión, los ritmos de su corazón, la capacidad de sus pulmones y la susceptibilidad de sus articulaciones en tiempos de lluvia.

Tener 60 años es conversar con la soledad y nunca sentirse solo con ella. Tener 60 años es ya no pedir permiso a nadie para cumplir un viejo sueño, para ir a cine a las tres de la tarde, tomar un aguardiente antes de la telenovela de la noche o prender la luz a las tres de la mañana para leer nuevamente un cuento de Juan Rulfo, Bruno Traven y Horacio Quiroga.

Es saber que nadie nos espera en casa y alegrarse porque podrá almorzar o comer con lo que más le gusta. Tener 60 años es sentirse orgulloso de lo que ha logrado con sus hijos o sus hijas que ya están en la década de los 30. Tener 60 años hoy es a veces ser un abuelo condescendiente, ridículo, atolondrado, romántico, liviano, frágil, cursilón.

Tener 60 años es entender el misterio de la vida y empezar a confrontarse con la muerte, sin temor ni tristeza, porque está ahí asomándose, tímida pero inexorablemente. Tener 60 años es empezar a despedirse demasiado temprano, siempre demasiado temprano, de buenos amigos o amigas. Tener 60 años es tener dos veces 30 años, o sea mucha juventud acumulada.

Esta semana, el viernes, si Dios me concede tiempo, daremos la bienvenida a mis 60 años.

LO BUENO SERA EL DIA 30 DE JUNIO, en el momento en que con los amigos, quienes se dejen venir, pasemos a recordar que, con algunos de los que sobreviven todavía, fuimos adolescentes de los 60s, que allá por finales de tal década escuchábamos a los Beatles, en español, por la XEVZ, entramos a la secundaria asombrados por los hippies, Avandaro, protestando la guerra de Vietnam, dibujando en todas partes el símbolo de la victoria, vistiendo pantalones campanas y las chamaquitas aquellas, ahora hermosas abuelitas, usabando minifalda, todos demandando “paz y amor”.

Somos la generación de abuelos más atrevidos y “modernos”.  Quizás porque nunca perdimos esa rebeldía conque crecimos y nos oponemos a ser los culpables ante los ojos de nuestros nietos de lo mismo que le echábamos en cara a nuestros padres y abuelos. Pero bueno es todavía toda esta perorata un pequeño ensayo introductorio; además de tratar de rescatar algunos de mis “Déjame que te cuente…” antes de que se me olviden más las cosas que tengo pendientes y las que definitivamente serán cubiertas por el polvo del olvido… si se mira en alguna postal pretérita de las que tratare de pegar en mi muro de aquí hasta mi cumpleaños, tómela y póngala donde guste.

Comprendo ahora que no tuve la capacidad suficiente para aprovechar los talentos que el Topopoderoso me obsequió, pero bueno, de las oportunidades que se me extraviaron quedaron por ahí relictos con resultados que debo agradecer porque conocí y conviví con mucha gente, nueva y añeja, cercana y lejana, que no veía o que no conocía… Señoras y señores que en nuestro territorio fueron grandes e inolvidables personajes que me tendieron su mano, me brindaron sus consejos y me dispensaron su confianza y su amistad. Vivimos en un mundo cada día más egoísta y oscuro, corroído y violento. Pudiera terminar diciendo, Señor: me tuviste raya, muy limitado con el billete, pero ¡gracias! porque solo me has mandado avisos de que debo cuidar mi salud para que no ande causando lastima todavía.  Todas mis limitaciones reconozco han servido para buscarte y así poder agradecerte esa fortaleza que me hace presumir en ser tu hijo consentido…por todo eso gracias… te ruego me sigas conservando en la palma de tu mano.

Notita: La foto que ilustra ésta columna es propiedad de los archivos de Arrieros del Apompo.

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