• Hoy es: Miércoles, septiembre 20, 2017

Empanadas de 2 pesos en Oluta; magia y tradición de un pueblo

elmanifiesto.com.mx
julio05/ 2017

Por Enrique Quiroz García || Oluta, Ver.- Desde lo lejos se puede ver una pequeña luz en la esquina de la calle 5 de mayo y Emiliano Zapata, en el barrio Tercero de este municipio cuyo emblema gastronómico son las memelas y, el producto codiciado de los agricultores de esta tierra: la jícama; de piel blanca, jugosa y quebradiza, jactancia de la tierra arenosa y de los agricultores orgullosos de su matriarca la Malinche. Allí, en esa esquina, desde hace 15 años la señora Minerva Alafita Esteban vende empanadas, gorditas y panuchos que saltan en aceite hirviendo como una danza simbiótica que une el color blanco de la masa, el amarillo del aceite y el humeante olor de la leña consumiéndose.

Minerva acondicionó un puestecito de madera en la banqueta de la casa de unos vecinos en las calles antes referidas. Un foco alumbra una desvencijada banca de madera. La calle sin pavimentar en ese tramo hace volver la mirada a la infancia y los juegos de barrio con los amigos de aquellos años. Es ver el otro Oluta, el Oluta de la añoranza y la nostalgia que nos rememora e inventa y reinventa.

-No vivo aquí, yo vivo en la calle Zaragoza en el barrio Cuarto –comenta Minerva en tanto hace bolitas de masa que luego aplasta y rellena de carne o queso para pasarlo a la señora que la ayuda a freírlas.

Hace 15 años los antojitos que vende Minerva costaban 1 peso, luego, con el paso de los años fueron subiendo a 1.50, 2 pesos y en la actualidad cada empanada cuesta 2 pesos con 50 centavos, nos cuenta.

El puesto de antojitos de Minerva no es suntuoso, es humilde pero tiene magia.

En cualquier otro lugar las empanadas tienen un costo de 8 a 10 pesos.

En Oluta, las empanadas de 2 pesos con 50 centavos son una tradición.

Llegan familias completas desde San Juan Evangelista, de Acayucan, Soconusco y visitantes de otros estados que saben de lo rico y tradicional que saben y se cocinan las empanadas, panuchos y gorditas que prepara esta singular mujer madre de 3 hijos de 35, 24 y 18 de edad, los dos primeros ya están casados, el último estudia la preparatoria pero ya tiene esposa que se encuentra embarazada, sin embargo, Minerva lo apoya para que concluya sus estudios y pueda tener mejores condiciones de vida, nos narra.

-Antes vendía hasta 18 kilos de masa diario, actualmente, a veces vendemos 10 kilos o menos, porque la situación está difícil, nos cuenta Minerva mientras el humo invade el lugar y juega con la luz tenue del foco.

Minerva cuida de sus ancianos padres: Inés Alafita de 85 años de edad, quien se dedicara a la albañilería y su madre Teodora Esteban de 72 años de edad. Ciego su padre e hipertensa su madre requieren cuidados, describe.

-¡Me canso; pero mis viejitos me dan ánimos! –Expresa-.

Y añade.

-Siempre ha cocinado en leña ¡Así han de estar mis pulmones! –Sonríe con resignación-.

La señora Minerva Alafita Esteban es una mujer de trabajo, parece no doblarse ante los embates de la crisis económica provocado por las malas decisiones de nuestros gobiernos. Ella, tiene una consigna, trabajar y sobrevivir al lado de sus padres y reorientar al hijo que apenas ha dejado la adolescencia y ya espera a su primer hijo.

Minerva tiene un as no bajo la manga, sino en las manos, en la espalda, en sus pies, en su esfuerzo y sueños cotidianos, y es vender tamales y popo los domingos junto a la carnicería de Roy. Esta labor además de dejarle unos pesos de más a Minerva, hace que el tradicional popo y los tamales de masa se promuevan en esta tierra popoluca donde la historia y la nostalgia confluyen en esos leños flanqueados por blocks de donde emana el humo que nos remonta a nuestros orígenes.

 

 

 

 

Etiquetas:
elmanifiesto.com.mx
big banner
%d bloggers like this: