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INSTANTÁNEA EN LA POESÍA DE LILIT TAGLE

elmanifiesto.com.mx
enero29/ 2018

El tiempo señala las épocas, algunas, para recordarnos momentos memorables, otras, para señalarnos el salvajismo con el que hemos vivido. Ningún día es igual a otro. Lo de ayer es historia, el mañana todavía es incierto. El aire, el agua, la tierra y la vida misma, todo está en constante cambio, nada es permanente, ni el planeta mismo en el universo. El canto de un pájaro o el quiquiriquí de los gallos cada amanecer, domina todo en su tránsito. Ahí el tiempo nace de nuevo: otra revelación, otra alabanza, un nuevo testimonio. La luz del sol impone otro tiempo, como si de una escena bíblica se tratara, la noche se separa del día, corre el velo de una nueva visión. Un diálogo entre el tiempo y la naturaleza que conforma y encarna la desolación y la miseria del hombre en la fugacidad de la vida. Conversa, narra, expresa, exalta y da forma a la palabra. Asombra y permanece. Lo fugitivo deslumbra, como el relámpago. Las cosas adquieren un nuevo código, un fuego nuevo, otro florecimiento lingüístico. En este proceso de cambio todo se funde, una nueva voluntad rompe el silencio y nos da un destino y una nueva esperanza. Soy ella, la fuente donde emanan todos los instantes. Con estos versos inicia Lilitt Tagle su libro Voluntades cotidianas, obra poética que despliega en su arquitectura sonora nuevos elementos que iluminan la cotidianidad que nos revela. Luz que forja nuevos secretos, un testimonio que se multiplica como un eco. El tiempo es una característica de coherencia y elegancia en este diálogo territorial: el poema. El horizonte que se vislumbra en esta visión hace el mundo más sencillo. No hay territorio donde no se manifiesten los elementos esenciales que designan las cosas nunca nombradas. Una cotidianidad que encuentra equilibrio en la experiencia, único rostro inequívoco para desafiar a la memoria, el tiempo y los recuerdos. Todo se percibe como pequeñas fotografías instantáneas:

Creo haberlo visto todo

sabedora que no he visto nada.

Acepto que la vida me ha alcanzado los tobillos

e intenta taclearme, pero nunca he sido aficionada

a los juegos de equipo.

Aquí las palabras guardan silencio, no justifican o explican nada, no predicen destino alguno. En este diálogo revelador no hay conjuro, hay concisión verbal. Aquí todo se admite, nada es suficiente, nada es acumulativo. La única condición que el viento permite en estos poemas en un secreteo íntimo y necesario, es aprobar que la voz de la poeta nos susurre al oído los misterios de la vida, la única que centellea en la mirada. En la voz de Lilitt Tagle, no hay especulación o repetición, hay angustia, dolor y sufrimiento. No hay miedo. Aquí la palabra toma la rigidez del corazón y nombra. Cuando uno mira un río en su descenso, puede observar las piedras que asentadas al fondo tienen formas diversas, formas que les ha dado el agua en la paciencia de una lucha prodigiosa a través del tiempo. En esas nupcias que el pez aprueba y que Dios sueña, en ese discreto instante, la impresión poética es un hallazgo. No soy creyente de aventuras poéticas que transitan sin ton ni son en el paisaje y en la cultura de nuestro país, pero la voz de Tagle es seductora, desafía y confieso, aquí la verdad hace un cauce vasto como si de un río se tratara. La única creencia y condición fundamental surge de la luz, luz delicada y pura. Nuevas entidades surgen y vitalizan este diálogo donde nuestros sueños se visten de significados, de color y pasión. Artífice de instantáneas cotidianas es la manera de llamar a Lilitt Tagle, pequeña gota de agua cristalina en un mar turbio. No hay nada que pueda ser contemplado sin antes ser soñado, o como lo señalara Georges Schehadé, una de las cumbres de la poesía francesa contemporánea:

Aquel que sueña se mezcla al aire.

Esta visión del poeta francés adquiere valor en la poesía de Tagle que —como una enredadera sobre un muro, donde los rayos del sol nutren y enriquecen la raíz que la sostienen— no escatima en decirnos nada es cierto, las sombras, los peces y el silencio, son meras voluntades cotidianas. El mundo es único, pero asistir con el espíritu a descubrir el secreto de este testimonio, es asistir a una reconciliación con la luz de la vida. Dios ha creado las palabras en su exilio, Lilitt Tagle ha moldeado esta casa. Nada más.

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