Yo quiero que mi hijo aparezca; solamente Dios sabe si aparece  o ya no aparece…solamente Dios es el que sabe, exclama la señora Candelaria Hernández Ramos, madre de José Gabriel Fonseca Hernández.


 

Por Enrique Quiroz García

 

SE LO LLEVARON EN MI CUMPLEAÑOS

 

“No sabemos si vive o ya no. No sabemos nada de él, desde que se lo llevaron, cuando iba yo a cumplir mi cumpleaños…”., comenta la señora Candelaria Hernández Ramos, madre de José Gabriel Fonseca Hernández, “Cuco”, reportero de la fuente policiaca desaparecido un 17 de septiembre del 2011.

 

Llovizna.

Sorteamos las calles de Acayucan hasta llegar a la colonia Morelos.

En una calle angosta visualizamos la casa de José Gabriel Fonseca Hernández, “Cuco”.

Una barda y un pedazo de lámina que simula de puerta es la entrada a la vivienda del que fuera reportero policiaco de dos medios locales.

Una perrita ladra al momento de saludar para ser atendidos por los padres de “Cuco”.

La señora Candelaria Hernández Ramos sale a nuestro encuentro, amable, nos convida de la intimidad de su vivienda.

El patio almacena aun los blocks que el gobierno de Javier Duarte mandó a los padres de “Cuco” posterior a la desaparición de éste.

De la puerta de entrada a la humilde vivienda, pende una bandera de México, desvencijada.

En la esquina de lado derecho de la casita, un altarcito con imágenes y estatuillas de vírgenes y san Judas Tadeo. Una cortina la hace de puerta para separar la habitación contigua, donde se escucha alguien descansa….

De lado izquierdo, una cama sin hacer, tiene de cielo un pabellón rezurcido; el cabezal luce un pegote del PRI. Una silla vieja, espera…

Al lado, la cocinita: paisaje de aceite y cochambre, trastos y un olor a incertidumbre se enseñorea cual amo de la desgracia.

La llovizna martilla el techo de la vivienda.

¡Esa es mi cocinita! –ataja Candelaria Hernández Ramos.

Como si adivinara el cuestionamiento exclama:

-No aparece, ¡solamente Dios sabe! Dios es el que sabe. ¿Verdad? Está en las manos de Dios.

-¿Dónde está su esposo? –cuestionamos a Candelaria.

-Se fue mi viejito a ver a una cuñada que se murió y hoy son sus 40 días, me quedé solita aquí sentada.

-¿Está usted enferma? ¿Qué médico la atiende?

-Ahorita todavía no, como no hemos ido a consulta, nos toca pues…

-¿Desde cuándo no va a consulta?

-Ya ni me acuerdo, tengo mis papeles ahí pero no sé si están ahí o no sé; deje, voy a ver si hallo mis papeles…estas son las recetas, ¡mire! Aquí dice doctor Ramón Cortés…ésta también es del doctor Ramón Cortés Fierro… Yo quiero que mi hijo aparezca, solamente Dios sabe si aparece  o ya no aparece…solamente Dios es el que sabe…

-¿El gobierno está atendiendo su caso?

-Yo no puedo decir, solamente mi viejo es el que sabe todo.

-¿Fueron a Xalapa en alguna ocasión?

-Nos llevaron los reporteros…fuimos a ver al fiscal y nos dijo que les iba  avisar y ¡uuu! eso ya tiene más, pues, que les iba avisar; pero quién sabe cuándo. Ahorita no hemos sabido nada, nada, nada, nada…

-¿Cómo se siente?

-Me siento más o menos, me siento bien, un poco, pues, sí. Estaba yo bien mala, ¡uuu! desde cuándo, desde que se llevaron a mi hijo me puse bien mala, ahorita pues ya no, solamente Dios es el que sabe, si aparece o no aparece…

-¿Qué edad tiene?

-No sé, he de tener como… ¿qué edad me calcula?

-No sé, como 62…

-He de tener como 51, 52, 53, 54, 55, como 72…

-Sus otros hijos ¿cómo han sentido la ausencia de Cuco?

-Pues no sabemos nada, no sabemos si vive o ya no, no sabemos nada de él, desde que se lo llevaron, se lo llevaron en septiembre, ¡uuuu! ya, cuando iba yo a cumplir mi cumpleaños, ese mismo día se lo llevaron, como no estaba yo aquí, estaba yo en Mina, yo cumplo el 20 de septiembre….

-¿Qué les ha dado el gobierno?

-Pues ahorita nada, ahí tenemos todavía los ladrillos, la gravilla, la arena, lo que hace falta es el cemento, la varilla para hacer una casa, un cuartito, él (su esposo) dice que piensa hacer un cuartito aquí un cuartito acá, como está grande el terrenito, pues si…

-¿Qué le dijo el doctor que la trató?

-Que me había puesto mal por lo de mi hijo, sólo eso, nada más, ya estoy más bien, pero también padezco de la presión…

-¿Qué edad tenía Cuco cuando desapareció?

-Tenía 20 años, de 20 años se lo llevaron, de 20 años, se lo llevaron muy joven, muy nuevo, pues…

-¿Cómo se llevaba usted con Cuco?

-Bien, me llevaba bien, él me daba mi dinero, me compraba cualquier cosa que le pedía y todo, fue buena gente, buen muchacho, pues.

-¿Cómo le decía usted?

-José, él se llama José Gabriel Fonseca Hernández, nomás porque le decían “Cuco” de apodo. Yo le lavaba su ropa, le sacaba su agua para bañar, le hacía su desayuno y se vestía bien y todo, eso era todo…

 

BLOCKS Y SILLA DE LUSTRAR A CAMBIO DE LA AUSENCIA

 

Conocí a Cuco, como la mayoría de los compañeros del medio.

Era un joven ávido de muchas cosas.

Su situación sociocultural no le permitía visualizar su realidad.

Empero, estaba presto a mostrar a las nuevas generaciones que él ya era un experto en la materia.

Así lo conocí, mostrándole a otro compañero las fuentes, donde él ya era conocido como reportero de un medio local.

José Gabriel Fonseca Hernández, permanecía en la ex inspección de la policía municipal (ahora comandancia de la policía naval) hasta altas horas de la madrugada.

Si le daba tiempo, llevaba a su redacción la información de algún detenido para que en horas posteriores apareciera publicado ante el “asombro” de los compañeros de otros medios, su “exclusivita”: el infractor aparecería en la portada de su diario.

Cuco, no tuvo una formación académica completa; pero en su sangre llevaba ya el anhelo de la información.

Le faltó, si, que alguien de los medios en que laboró o colaboró que le diera la inducción en los avatares de este quehacer.

Nadie lo hizo.

Hoy, el jovencito que recorriera la avenida Miguel Hidalgo en Acayucan, ya no desanda sus pasos en esta ciudad.

Recorría la Avenida Miguel Hidalgo porque en aquel entonces la agencia segunda se encontraba en esa dirección, en la calle Flores Magón se encontraba la agencia primera del ministerio público y en la calle Antonio Plaza se encontraba la inspección de la policía municipal. Es decir, las 3 fuentes se encontraban una sobre la avenida citada y las otras 2, en calles aledañas y, en la Avenida Hidalgo en el centro de la ciudad, su oficina de redacción y en la colonia Las Cruces, sobre esa misma avenida, los talleres de su diario y por si eso no bastara, en la esquina de la Avenida Hidalgo con Miguel Alemán, su padre lustra calzado, allí, aun espía a la muchedumbre en busca del hijo amado.

A más de 4 años de su desaparición, esta es la primera vez que escribo sobre “Cuco”.

El niño cuya avidez circunstancial lo llevó al periodismo y a su desaparición.

En los archivos ministeriales duerme la denuncia de su desaparición.

El ex Procurador Amadeo Flores y el actual Fiscal Luis Ángel Bravo Contreras, no han aportado en concreto datos acerca de la desaparición de José Gabriel Fonseca Hernández.

Luis Ángel Bravo Contreras, “donó” una silla de lustrar calzado a Juan Fonseca, padre de “Cuco”, respuesta al reclamo que hicieran algunos compañeros del medio en la ciudad de Xalapa, posteriormente se tomó la foto y al día siguiente apareció en algunos medios la “hazaña”…luego, el silencio y las “buenas conciencias” tomaron su reality hacia otros escenarios…

 

QUE APAREZCA VIVO O COMO SEA, PERO QUE APAREZCA: JUAN FONSECA

En una segunda visita al domicilio de José Gabriel Fonseca Hernández, conversamos con Juan Fonseca Aguirre, padre de “Cuco”, hombre de estatura baja, delgado, pelo cano y de mirada infinita.

José Gabriel Fonseca Hernández, nació un 18 de febrero y en torno a su desaparición, su padre, nos comenta:

-El fiscal me dijo, en caso que aparezca o no aparezca, ¿qué piensa? Yo le dije, yo no pienso nada, lo único que quiero es que me echen la mano. Y me dijo “no, tú no te preocupes, a usted lo apoyaremos hasta que fallezca y apoyaremos a su esposa, a cualquiera de los dos”. Y si nos morimos los dos, apoyarán a mi hijo…a mi hijo no le quieren dar… (Hermano de Cuco) le digo si se queda mi hijo sólo no le van a dar el apoyo. Me dijo “a su hijo no”, o sea, ahí me cortan el apoyo…Hasta ahí quedó, vamos a ver qué sale, no sólo nos sucedió a nosotros, le sucedió a mucha gente, como le digo a mi señora, debemos estar convencidos, ya ves que la estatal lo anda buscando y no traen la razón ni nada…

-¿Qué desea usted?

-Que aparezca vivo o como sea, pero que aparezca…