La cultura de masas impuesta desde el poder nos convierte en una sociedad de segunda, incluso, desde la escuela nos condicionan con una educación histórica desde la visión colonialista, donde se nos pide que nos aprendamos de memoria de qué color eran los calzones de Maximiliano…


 

 

Por Mario Baruch Galindo

Acayucan, Ver.

 

La sala de cabildos del palacio municipal de Acayucan se vistió de gala el pasado viernes 11 de marzo con la presentación del libro DIJERA MI BOCA. Textualidades sonoras de un sotavento imaginado, del doctor en historia Álvaro Alcántara López.

 

El evento organizado por la asociación cultural Arrieros del Apompo A. C. gozó de una excelente respuesta por parte de la ciudadanía acayuqueña, que hizo lucir un lleno total en el mencionado recinto  del ayuntamiento, la cita fue a las 7 pm y la sociedad diversa en edades y quehaceres,  se mostraba ansiosa y muy interesada por disfrutar un acontecimiento que ya prometía mucho.

 

La apertura corrió a cargo del licenciado Sergio Trejo González, que fungió como maestro de ceremonia, dio la bienvenida y presentó a la agrupación musical de son jarocho estilizado Trovadores, de Benito Santiago, procedentes de la ciudad de Cosoleacaque, al término de la excelente intervención sonera, Sergio Trejo dio la palabra al antropólogo y también doctor en historia e investigador del INAH, Alfredo Delgado Calderón, quien fuera el primer presentador de la noche. Alfredo se refirió además del libro, a la historia de Acayucan y a la importancia del quehacer de los historiadores y por supuesto al  autor, a quién conoce desde hace muchos años en el mundo de la cultura tradicional del sotavento, específicamente en el son jarocho y la fiesta del fandango y ha atestiguado su desarrollo como creador, músico, promotor cultural, académico, docente e investigador, como actor de una cultura que constantemente se recrea.

 

La joven acayuqueña licenciada en historia Yuneri Soto Román, quien se desplazó de la ciudad de Villahermosa donde labora en la Universidad Juárez Autónoma de Tabasco, fue la segunda persona en hablar del libro, en ese sentido recreó la importancia de la tradición oral y del proceso social que da origen a las diversas culturas. Se refirió al libro como un trabajo que nos lleva a imaginar y soñar y que hace posible a través de la palabra escrita conocer lo que usualmente se queda en la oralidad de una tradición centenaria como lo es el  fandango jarocho y su joven movimiento jaranero desde la experiencia anecdótica del propio autor, finalizó invitando a leer los relatos de Dijera mi boca, que es una recopilación de historias fantásticas de la vida real, aseveró.

 

Javier Pulido Biosca, filósofo, periodista y catedrático de varias universidades importantes de la ciudad de Coatzacoalcos, fue el tercero en tomar la palabra he hizo un análisis del contenido del libro con la historia y la realidad social que se vive en estos momentos.

 

Finalmente tocó el turno al autor, quien a pesar de estar un poco mal de la garganta habló por más de veinte minutos que parecieron sólo dos, ya que el don de la palabra y el gran carisma que posee en el micrófono cautivó al público asistente con una plática llena de contenido ameno y reflexivo, agradeció a todos los asistentes por hacer posible el evento y aplaudió la presencia de niños, que quizá en estos momentos les interese poco o nada un acontecimiento así, pero que sin lugar a dudas les deja una huella que se verá reflejada positivamente en el desarrollo y formación de éstos. “Así me pasaba a mí, pero agradezco a mis padres que siempre me rodearon de libros aunque no me gustaban”, dijo.

 

Entre muchas otras cosas, reflexionó acerca de la necesidad de ser actor de nuestra propia cultura y no sólo receptor o seguidor de una cultura de masas, que nos impone qué escuchar, qué leer, o qué mirar y qué hacer,  que nos dice qué artistas son los que aparecen en la televisión o en la radio comercial y qué nos enseña a ver a los artistas tradicionales como lo son las tejedoras que hacen ropa tradicional como artesanas, pero nunca como artistas, qué nos lleva a ver al viejo jaranero como un señor borracho y que ejecuta una música vieja y de poco valor.

 

Preguntó si alguien se ha puesto a pensar que la música que tocan las grandes orquestas filarmónicas son covers de la música europea de siglos pasados, igual que quien toca una canción tropical de algún grupo como Juniors Khlan, Alfredo y sus teclados o Nelson Cancela por citar algunos ejemplos.

 

Insistió en que la cultura de masas que nos es impuesta nos lleva a convertirnos en una sociedad de segunda, incluso desde la escuela, con una educación histórica desde la visión colonialista, donde se nos pide que nos aprendamos de memoria de qué color eran los calzones de Maximiliano… Invitó a que cambiemos eso, “a mí no me importa el pasado, a mí me importa el presente, como historiador estudio el pasado para saber qué hacer con el presente, el pasado se debe quedar atrás, tenemos que tomar el presente en nuestras manos y cambiar la historia”, sostuvo.

 

Citó un ejemplo, la India, que fue una colonia inglesa y que igual que en nuestro país vivían una educación colonialista, que los llevaba a ser una sociedad de segunda, que miraban al caballero inglés como el modelo a seguir, hasta que los indios se preguntaron si la forma en que se estaban educando era correcta y se replantearon la forma de enseñar la historia para dejar de ser una sociedad que seguiría siendo de segunda o tercera categoría, como pasa en nuestro país donde se nos impone la música de banda cuando en estas tierras casi nadie tiene un origen que le haya heredado esa cultura, sino que nos ha sido impuesta sin darnos cuenta.

 

Pidió que rescatemos la oralidad en la familia, donde cada día hablamos menos, le damos a nuestros hijos un aparato electrónico para que no esté molestando y llegamos a estar en la mesa donde cada quien está ocupado en su teléfono.

 

Entre risas y caras reflexivas del público generadas por las palabras del autor, concluyó su participación invitando a leer Dijera mi boca que es también un dijera tú boca, porque no hay un yo sin un tú, ni un tú sin un yo, son relatos cortos que se pueden leer juntos o separados en los espacios de tiempo que nos permitan nuestros quehaceres cotidianos, hasta en el baño.

 

Uno de los pasajes emotivos en este evento cultural, fue cuando el autor de Dijera mi boca, improvisó un homenaje al antropólogo y maestro de muchos, fallecido en años recientes, don Rubén Leyton Ovando, quien fuera uno de los fundadores de Arrieros del Apompo A. C. y dedicó a doña Idalia Susilla ahí presente, su pareja de vida, un fragmento a capela de La plena del gallo, uno de los éxitos del grupo Chéjere del que forma parte el historiador y que era una de las favoritas de Leyton, que siempre la pedía.

Entre aplausos y una gran fila para adquirir un ejemplar del libro, el público pudo disfrutar el concierto de la pareja de trovadores provenientes de la ciudad de Coatzacoalcos Mario y Eloína, mientras degustaban los bocadillos y deliciosos chanchamitos y tamales de masa acompañado del tradicional café de maíz de Soconusco que se ofrecieron al término de esta exquisita velada.