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Padres de niña abusada sexualmente por sus maestras de kínder, piden justicia

elmanifiesto.com.mx
septiembre23/ 2019

Por Carlos Rubio

 

–“Mamá, ellas son las maestras malas”.

–“¿Por qué son malas?”.

–“Porque ellas me besan, meten su lengua a mi boca, y en mi pipí”.

Esa fue una de las tantas conversaciones que Marcela tuvo con su pequeña hija Lia, cuando sólo estaba por cumplir cinco años y le confesaba –con temor– cómo en el kínder una psicóloga y una maestra la habían violado. Además, según el testimonio de la menor de edad, la sacaban de la institución para que mantuviera relaciones sexuales con más personas.

La pequeña asistía al colegio Luis Gonzaga Urbina, ubicado en Rioverde, San Luis Potosí. Parecía un lugar bastante seguro, contaba con cámaras de seguridad y equipo de computación avanzado, “todo lo que unos padres querrían para su hija”, según Marcela.

De pronto, Lia no quiso asistir más, porque decía que una maestra le pegaba. Dejó de ir por un mes, hasta que llamaron a sus padres para preguntar el porqué de sus inasistencias.

Comentaron el conflicto y les dijeron que esa maestra ya no laboraba más en la institución, y que si llevaban a la menor, todas sus faltas serían justificadas. Ellos accedieron.

Tiempo después, un 6 de marzo de 2017, Lia llegó a su casa con los pantalones embarrados de excremento, señal inequívoca de que algo extraño estaba ocurriendo; a su edad, ella siempre avisaba cuando quería ir al baño.

Cansada y con sueño, no quiso comer y les pidió a sus padres que ya no la llevaran a la escuela. Ellos pensaron que simplemente era un apego emocional a no querer separarse de ellos. Al día siguiente, Lia no quiso asistir a la escuela, de cualquier forma la llevaron, pensando que simplemente era un berrinche común de cualquier niña de su edad.

Entró desganada, cuando antes iba brincando y corriendo felizmente; el cambio en su actitud era realmente notorio. Fue el 8 de marzo, el tercer día que Lia llegó a su casa sin querer comer, cuando su madre le preguntó:

“Mi niña, ¿qué tienes?, ¿por qué no comes?”. La cargó y se la llevo a su habitación para preguntárselo una vez más. –“Pues es que ya te dije que las maestras malas me pegan”. A lo que su madre respondió que desde hace mucho ya no estaba ahí esa maestra.

–“Es que me pega mamá, me pega y yo ya no aguanto”.

–“¿Cómo te pegan?”. Después el mundo se vino abajo. Lia se levantó su blusa y señalo sus pezones, “me pegó aquí, me pegó aquí”. Luego bajó su pants y bajó su calzón, “aquí me pegó y me dolió mucho, porque me pegó con algo adentro”. Marcela sintió cómo su corazón se detuvo por un instante y le gritó a Roberto, su esposo: “Ven rápido, mira lo que dice la niña”.

Inmediatamente buscaron una ginecóloga, al encontrarla y contarle lo sucedido, les dijo que no podían ir con ella, debían ir enseguida a la Subprocuraduría Regional de la Zona Media.

Una vez ahí, fueron remitidos a la Procuraduría General de Justicia de San Luis Potosí, hoy Fiscalía General. Un médico legista la revisó, sin ningún protocolo por tratarse de una menor de edad.

Después se determinaría en el acta que Lia había sido abusada sexualmente. Sus padres interpusieron una denuncia que desencadenó una investigación de más de tres meses. La menor describió físicamente a sus violadoras y se hizo un retrato hablado.

Posteriormente, las identificó en una fotografía. Los elementos judiciales encargados encontraron un video captado por las cámaras de la escuela, donde se observa a una psicóloga del instituto, parada afuera del baño, utilizando su celular.

Luego Lia entra al baño y enseguida entra la mujer que se encontraba afuera. La descripción de la mujer encajaba con la que había hecho la menor, el día que se realizó la denuncia.

Las agresoras sexuales fueron identificadas como la psicóloga María Teresa de Jesús Rodríguez Galván y la maestra Ivette del Carmen Méndez Zavala. María Teresa de Jesús fue puesta a disposición de las autoridades y se determinó que debía permanecer en prisión preventiva como medida cautelar durante el juicio.

La otra mujer señalada no pudo ser procesada debido a que no aparecía en el video, aunque la menor ya la había identificada como la segunda implicada en los hechos.

Según cuentan Marcela y Roberto, durante el juicio, el fiscal de la Subprocuraduría, Fernando Lemoine, “se vendió”.

En una ocasión los llamaron de la Subprocuraduría para decirles: “Señora, muévase ya, el fiscal Fernando Lemoine se encuentra en San Luis para dar carpetazo a su caso”.

En abril de este año, Fernando Lemoine fue removido de su cargo por diversas denuncias en su contra. La familia es comerciante, originarios de Matehuala, pero por la oportunidad de un negocio, decidieron irse a Rioverde, donde lo perdieron todo.

Para pagar el juicio de su hija tuvieron que vender parte de sus pertenencias. Tuvieron el infortunio de acercarse a la Comisión Ejecutiva Estatal de Atención a Víctimas (CEEAV), encontrarse con Jorge Vega Arroyo, y con las secretar

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