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Vaticinio de la derrota del PRI en los tiempos de Javier Duarte

elmanifiesto.com.mx
octubre02/ 2019

Por Marcos Hernández Villanueva

 

En los tiempos de Javier Duarte por allá por los años 2014 en una oficina ubicada sobre Úrsulo Galván de la ciudad de Xalapa había un veterano político grillo, de los buenos. Era de los tiempos de Patricio Chirinos Calero, de Don Fernando Gutiérrez Barrios, y de otros gobernadores veracruzanos.

No puedo mencionar su nombre porque lo que voy a contar es algo extraordinario con cara de brujería… pero era un señor ya grande que sólo repasaba sus viejas historias, y vaya que se gozaba al contarlas.

A algunos amigos no le gustaba escucharlo, pero a mí el viejo me había caído bien por una simple y sencilla razón: tenía un Quijote de la Mancha, no recuerdo de qué material estaba hecho, lo que sí recuerdo es que el día en que él se instaló en su oficina ese Quijote se cayó y por una extraña razón solamente quebró el brazo que sostenía la lanza, y la cabeza del Quijote. Por razonamientos y pensamientos propios, el viejo hombre decidió pegar la cabeza en el lugar del brazo y el brazo con la lanza en el lugar de la cabeza. Por ese Quijote de la Mancha mutante y por sus historias atractivas el viejo me caía re bien.

Una buena vez el experimentado político comenzó contando una anécdota de cómo don Fernando Gutiérrez Barrios tiraba los bolígrafos a la calle, y terminó esa historia diciendo que en muy poco tiempo se terminaría la gloria del PRI. El buen hombre estaba diciendo palabras mayores, y era grave lo que salía de su boca porque era un hombre Priísta.

En su plática de tal vez más de 2 horas, dijo entre seriedad y broma: «el gobernador Javier Duarte va a terminar en la cárcel y va a cubrir las faltas de exgobernadores. Con él serán apresados algunos secretarios de estado y les juego una apuesta a que el próximo gobernador va a ser del PAN, y de ser así estoy casi seguro que sería Miguel Ángel yúnes Linares.»

Estamos a 2019 y sucedió lo que aquel viejo amigo dijo, pero nadie dijo nada, nadie se acordó de aquella loca plática, porque éramos jóvenes, porque no le pusimos atención o simplemente porque se nos olvidó.

Al paso de estos años podría decir que ese viejo amigo es un viejo lobo de mar, y que seguramente es un brillante asesor político. Ojalá lleguen mis saludos y abrazos hasta donde quiera que se encuentre.

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