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Violinista solitario

elmanifiesto.com.mx
marzo01/ 2020

Déjame que te cuente…
Por Sergio M- Trejo González

Orizaba, La Ciudad de las Aguas Alegres, Pueblo Mágico y Cuna de Grandes Personajes, tantos que ha tenido que repartir algunos.
En esos envíos y tales renglones nos llegó por Acayucan, el día de hoy, don Miguel Flores, un violinista con el que casi tropezamos durante este primer domingo de marzo, cuando caminaba su servidor a un costado del palacio municipal, sobre la calle Miguel Hidalgo.
Con agradable sorpresa llegaron a mis oidos, disminuidos un bastante de su lejana capacidad, pero con algo que permite todavía disfrutar, expresiones hermosas como ese concierto de banqueta, donde brotaban los armónicos raudales de un violín, cuyas notas cristalinas resultaban dulcemente arrulladoras.
Miguel Flores, nos visita y se entrega cada vez que toca, y toca, su fino instrumento y nuestras fibras sensibles.
¡Ay! Violín, yo no sé, si es susurro y murmullo, queja o risa, garrulitas o chirridos.
Sonidos bellos, que surgen del instrumento, combinados con intenso frenesí, trémulos trinos y alma vibrante.
«Cual ruiseñor no gime la corneja, ni anida la endecha seductora en un violín que llora cuando canta, en un violín que chilla cuando llora».
Miguel Flores, de paso, paseaba su arco sobre el cuerpo del violín raspando las cuerdas con parsimonia y elegancia, recordándome a lo más sobresaliente que hemos tenido de amantes de violines, en la ciudad: Doctor Guillermo Acero de la Fuente y al ingeniero Gabriel Gómez Betancourt.
Miguel Flores, músico ambulante, tocaba en su violín el Adagio 2046 del Noruego Rolf Lovland, mezcla de risa y lamentos, que salen al público por un bafle portátil, sufriente para deleitarnos con un concierto espontáneo y mayormente gratuito donde se apela discretamente a la generosidad ocasional de transeúntes y viandantes.
Estos fenómenos resultan populares en muchas partes del mundo y sus foros pueden resultar las zonas peatonales, enclaves turísticos y el transporte público.
Las actuaciones de los músicos sufíes en las calles resultan un abanico de oportunidad laboral, artística y social, que va más allá de los espacios tópicos y constituyen un espectáculo de entretenimiento verdaderamente maravilloso.
Su celular responde con el numero
2 72 110 19 54,
voy a llamarle y pienso que usted también podría contratarlo en una oportunidad especial para llevarle serenata a, no sé. Llámele y escúchelo.
Pienso invitarle una jícara con agua de Temoyo, quien quite y se quede entre nosotros, para mayores oportunidades de tener música de cabecera, de categoría, muy a la mano.

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