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GALARDONAN A JAVIER SUVARÁN ANTONIO CON EL PREMIO DE PERIODISMO CULTURAL 2020

elmanifiesto.com.mx
junio15/ 2020

*El reportero de la sección de cultura de El Manifiesto recibió un reconocimiento de manos del profesor Domingo Celdo Molina, secretario de relaciones pública del Club de Periodistas de México delegación Veracruz.
El Escarabajo Roto
Por Enrique Quiroz García
En el marco del Día de la Libertad de Expresión el Club de Periodistas de México delegación Veracruz, a través del profesor Domingo Celdo Molina, secretario de relaciones pública de esta organización, distinguió al profesor normalista y abogado, Javier Sulvarán Antonio con el premio estatal de periodismo cultural 2020.
La deferencia del citado club de periodistas con el promotor de la cultura y de las distintas expresiones artísticas en Sayula de Alemán no es una casualidad. El trabajo de Javier Sulvarán Antonio, reportero cultural de El Manifiesto, ha legado a su tierra, cuatro libros, un museo comunitario con más de 400 piezas arqueológicas, una réplica de El Príncipe y una biografía detallada de la vida de Gelasia Ceballos Gómez, la primer mujer presidente en Latinoamérica y orgullosamente oriunda de Sayula de Alemán.


El trabajo de promotoría cultural de Javier Slvarán Antonio es inédito.
No encuentro a alguien más antes de Javier Sulvarán Antonio, en esos avatares de rescatar la historia de su pueblo y promover la cultura y las distintas tradiciones avasalladas por la ignorancia y desinterés de las autoridades encargadas de promoverlas.
A través de un ciclo de entrevistas en vivo a la que intitulamos Diálogos, y que transmitimos desde nuestra fan page de El Manifiesto, Javier Sulvarán Antonio y un servidor nos hemos dado a la tarea de promover la historia oral contada y cantada por nuestros ancianos de Sayula de Alemán.
No es una tarea fácil.


No es una tarea de interés para las autoridades municipales encargadas de estos importantes rubros, me refiero a los regidores y al director de la casa de cultura que tienen a su cargo las comisiones de biblioteca, cultura y educación, en este municipio de origen mije-popoluca. Enfatizo, especifico, detallo y señalo; me refiero a que, de las cuatro obras que han sido publicadas por Javier Sulvarán Antonio, no han sido del interés de los funcionarios a cargo de promover la cultura en Sayula, para que, al menos una de ellas ya fuera formalmente presentada como el referente histórico que es.
Empero, no podemos esperar mucho de una estilista metida a regidora que se jacta de tener estudios de psicopedagogía, ni mucho menos de una regidora que se pelea en el palacio municipal como si éste fuera el escenario de una película de Alfonso Zayas Tun Tun, el Caballo Rojas o la Tongolele.


“Mi interés es dar a conocer a Sayula y al mundo, -por eso escribo y digo en mis transmisiones de Sayula para el mundo-, de dónde somos, de dónde venimos, de dónde vino nuestra lengua-, y ese sueño ya lo realicé en mi segundo libro, de dónde venimos, de dónde viene nuestra lengua, cómo creció Sayula, eso gracias a dios en mi segundo libro ya pude escribirlo realmente como es, con datos verídicos, fehacientes, por ejemplo, cómo se llamó antes: San Andrés Sayul- tepec, o Sayultepec. En las campanas de la iglesia de San Isidro Labrador, están grabados: 24 de junio de 1849, y hay otras campanas con fecha del 15 de septiembre de 1849. Entonces, relato cómo se forma Sayula sobre el año 1300 al 1400 cuando los aztecas comenzaron a irse hacia el centro de México, fue cuando ya se pobló más con la gente que vino de Oaxaca, de la cultura zoque-mije”, nos cita en entrevista exclusiva Javier Sulvarán Antonio, reportero de esta casa editorial, profesor egresado de la facultad en educación media en la especialidad de historia y abogado litigante, ambas carreras con cédula profesional, ataja.
Javier Sulvarán Antonio tiene 64 años de edad y es un personaje amado y respetado por el pueblo de Sayula. Fue director durante 19 años en la Escuela Telesecundaria Sor Juana Inés de la Cruz, en la Cruz del Milagro, cuna de El Príncipe, escultura olmeca, una de las obras maestras de la cultura que habitó el sur del estado de Veracruz, en uno de los periodos más tempranos. En ella un individuo con el torso desnudo y una especie de taparrabo atado a la cintura, adopta la posición sedente típica de los olmecas, que nos recuerda la de algunos felinos esculpidos por artistas de esta cultura. El equilibrio y la perfecta simetría sugieren la gran fuerza y carácter del personaje. El tocado en forma de diadema se une a las orejeras tubulares y pudo indicar la ocupación de un rango social. La estrella de cuatro puntos presente en dicho tocado tal vez alude al nombre del individuo. Hoy Sayula de Alemán cuenta con una réplica de El Príncipe, que luce en la entrada del palacio municipal de Sayula. Desde 2009 Javier Sulvarán Antonio gestionó ante diversas instancias esta escultura, pero fue hasta el 2014 que el licenciado Erick Lagos Hernández, siendo Secretario de Gobierno autoriza al escultor Ignacio Pérez Solano “nachito” esculpiera la escultura de El Príncipe, emblema de la Cruz del Milagro y de Sayula de Alemán.


Sayula de Alemán, en Veracruz, es rico en tradiciones, historia y cultura, “se habla el mije-popoluca, tanto en la cabecera, San Isidro y la comunidad de Sayulita que está delante de Medias Aguas y López Mateos. ¿Por qué? Porque son pobladores de Sayula que se fueron a tomar su parcelita y allá se quedaron y arrearon nuestra lengua, pero ya también está desapareciendo, ya no la quieren hablar, nos daba pena o nos criticaban mucho”, nos dice Sulvarán Antonio, quien ha tenido que navegar contracorriente en pueblo propio.
La vida del maestro Sulvarán Antonio ha estado ligada a la arqueología. Estudió en Oaxaca en los años 82, 83, 84, y “visitaba las zonas arqueológicas, Montealbal, Mitla, Xachila, sitios arqueológicos importantes y al pie del quiosco en Oaxaca capital, vendían piezas arqueológicas, réplicas de mármol, de ahí me voy a Cuernavaca, cambio de escuela y en Cuernavaca hacemos otros recorridos a los museos, recorrimos el estado de Querétaro, Michoacán, Puebla, de ahí me fui animando más, primero a coleccionar algunas figurillas, y sí, la primera que tengo es ese rostro doble cara, el que está allá arriba, pegado con el cuerpo de abajo, tiene pegado un rostro abajo y otro arriba”, nos narra.
– ¿Esa pieza ya está registrada por el INAH?

-Ya, ya, y así como ves comencé; después algunos vecinos se dieron cuenta y me regalaban piececillas que venían de San Isidro, de aquí de Almagres, adelantito, y otros de aquí de Sayula, otros de la Cruz del Milagro, hasta que me decidí pedir permiso al INAH. Bueno, me dirigí al presidente Calderón, para que me diera permiso para trabajar, exhibir y a la vez para trasladarlas, nos turnaron al INAH y todo eso, pero me contestaron que no se podía que es un delio federal transportar piezas arqueológicas, bueno, en fin, que era un delito, todo eso me contestaron. Pasó un año, me ignoraron hasta que fui a Veracruz a preguntar si había algo y hablé a México y me dijeron que sí y me fui directamente a México a poner mi queja, llevé un escrito y desde ahí fue como si le hubieran echado lumbre, me dijeron en la casa que me estaban buscando, yo estaba en México, vinieron, checaron mis piezas, las analizaron, y ya vinieron a registrarlas, así fue como se constituye mi Junta vecinal.


– ¿Junta Vecinal? ¿Quiénes la constituyen?
-Es una Junta vecinal compuesta por 12 o 13 personas, puros indígenas, algunos profesionistas que incluí se rajaron a la mera hora porque iban a sacar antecedentes penales en Acayucan y hablar del reclusorio les da miedo. Me ayudaron algunas muchachas, algunas señoras que no saben leer ni escribir, fueron a sacar su constancia de no antecedentes penales y fueron los que me echaron la mano…En fin, los grandes profesionistas se me abrieron, profesionistas que son reconocidos, por ejemplo, Sergio el abogado que está ahí en el palacio, me dijo que sí y a la mera hora se me rajó, en fin los grandes profesionistas se me abrieron y si vemos quienes son los de la junta vecinal está mi nuera, doña Martha que no sabe leer ni escribir que siempre aparece en mis publicaciones. ¡Pobre señora! ¡Ella qué! Otra señora que vive por la Pípila ahora tiene un negocio aquí en la carretera, yo les pagué todo, su tiempo para ir a la sacar la ficha, más iba yo y llevaba su credencial de elector, ellos nomás iban a firmar. Todo ha sido recurso propio, también tengo mi galería de fotos antiguas ¡mira! Está el de Gelasia Ceballos el último cuadro que me costó más de 1000 pesos, 1500 pesos con todo y marco. ¡Allá está otro de Sayula antiguo! de la iglesia y aparte las que tengo guardadas más las que van apareciendo, ahorita tengo fotos de Gelasia Ceballos, inéditas, donde la van sacando de la iglesia, se supone que fue el 22 de febrero de 1951 y tengo a los ediles que hicieron guardia alrededor de su ataúd, también debe ser del 22 de febrero de 1951, un día después de su muerte. ¿No? Antes de llevarla al panteón, la foto me la están imprimiendo en Acayucan y todo con recursos propios, nadie quiere ayudar en este aspecto, nadie, nadie, nadie…para nada, ahorita te voy a enseñar allá atrás, ya le pagué a un albañil dos semanas para que veas cómo estoy distribuyendo las piezas con mi propio dinero, mi despacho está lleno de antigüedades, entonces, a ver qué hago allá atrás…
Javier Sulvarán Antonio vive en la calle Francisco I Madero, en Sayula de Alemán. Allí, junto a su vivienda instaló la Junta vecinal, en la parte posterior, con láminas viejas, construyó una “media agua” para colocar piezas arqueológicas porque en la Junta vecinal y en su despacho ya no hay lugar, pero a nadie le importa, pero a nadie le interesa tener bajo resguardo digno estas piezas arqueológicas que son un referente importante en nuestra historia.

Camino a la casa del profesor Sulvarán, en el quicio de la calle Madero, huele a rezago social, huele a lluvia contenida en el aire, a sombras garabateando nuestra propia sombra; pero huele también a libros viejos, huele a tierra, huele a café humeando entre la llama de los leños de encino, huele a río y a piedra herida por el cincel de la historia. Los niños juegan como antaño, como si el tiempo caprichoso petrificara la canica y el trompo que gira sobre mis pasos.

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