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JOSÉ ANTONIO: LA MUERTE TIENE PERMISO

elmanifiesto.com.mx
junio17/ 2020

* José Antonio vivía en una de las tantas colonias populares que tiene Veracruz, donde la pobreza y hambre de las familias no encuentran en su mesa las promesas de los discursos políticos de quienes nos han gobernado y de quienes hoy nos gobiernan y callan ante su incapacidad e indolencia.
El Escarabajo Roto
Por Enrique Quiroz García
En Acayucan la muerte tiene permiso.
En Veracruz la muerte tiene permiso.
En México la muerte tiene permiso.
Parafraseo el título de una de las obras más logradas del cuento mexicano del sonorense Edmundo Valadés y me remito a la nota que circula en las redes sociales y que ha conmocionado a la sociedad en general.
Un menor de 10 años de edad fue asesinado, ultrajado sexualmente y abandonado en un lote baldío de una de las calles de la periferia del centro de la ciudad de Acayucan.
Sí, amable lector, leyó usted bien. Un menor de 10 años fue ultrajado sexualmente, asesinado y abandonado en un lote baldío en una calle de la periferia del centro de la ciudad de Acayucan.
José Antonio, así se llamaba el menor asesinado.
El crimen tiene otros nombres de menores en su bitácora.
Nuestra sociedad aun guarda el asombro en casos como el que hoy se dio a conocer.
Hay indignación de la sociedad en general.
“¡Justicia para José Antonio!”. “¡Qué linchen al asesino!”. “Qué maten al asesino igual como mató a José Antonio!”. “Salgamos a las calles por el asesino!”, se lee en las redes sociales.
¿Cuál fue la reacción de las policías preventivas al enterarse del caso que hoy nos ocupa? Me refiero a la Policía Naval y a la Secretaría de Seguridad Pública del Estado. Porque hay que enfatizar que la madre del menor los enteró de la desaparición de su hijo.
¿Cuál fue la reacción de la fiscalía cuando la madre los enteró de la desaparición de su menor hijo? Porque una vez el menor no llegó a su domicilio, la madre dijo haber acudido a estas dependencias para denunciar la desaparición del menor y se le apoyara en su búsqueda.
Hoy, tras el hallazgo, tanto las policías líneas arriba citadas como las autoridades ministeriales acudieron a realizar las diligencias pertinentes para levantar el cuerpo sin vida del menor. Dichas autoridades no tuvieron tiempo para buscar a José Antonio, porque argumentan hay un protocolo que se los impide. Hoy, reitero, tras el hallazgo, dichas dependencias de gobierno fueron a levantar y dar fe de los hechos. José Antonio no pudo quedarse en casa, José Antonio no se quedaba en casa pese a las recomendaciones de la Secretaría de Salud de quedarse en casa para evitar morir de coronavirus. José Antonio tenía hambre y salía a ganarse el pan abriendo y cerrando las puertas de los Oxxos. José Antonio no murió de coronavirus: Murió mancillado en su honor y bajo el manto de impunidad que cubre nuestra geografía por los cuatros costados y que deja ver un río de sangre imparable que avasalla la vida de inocentes.
¿Hay responsabilidad o corresponsabilidad de los gobiernos en estos hechos que hoy duelen?
No leo, no escucho a los antes críticos de los gobiernos pasados y hoy funcionarios de los actuales gobiernos luchar para que el estado de cosas que duelen, que lastiman a Veracruz se castiguen conforme a derecho.
“Si hay justicia, hay paz para los Veracruzanos”, reza en una nota periodística el Secretario de Gobierno Eric Cisneros.
El Secretario de Seguridad Pública sigue guardando silencio, ante éste y otros crímenes en Veracruz.
El gobernador del Estado de Veracruz, no gobierna Veracruz. Gobierna el otro Veracruz que vive en su imaginaria, como lo hacían sus antecesores que tanto criticó en campaña. Al gobernador del Estado de Veracruz no le duele que maten a sus niños ni a sus mujeres: A Cuitláhuac García Jiménez le duele que se le describa la realidad que no ve ni escucha. Cuitláhuac García Jiménez, el que gobierna el Veracruz imaginario que vive en sus escasas neuronas, no escucha el llanto de las madres ni el dolor de un niño en la soledad de su muerte cuyo lecho baldío lo vio morir y escuchó su último suspiro.
Hay quienes culpan a la madre por dejar que su menor hijo trabajara abriendo y cerrando las puertas de los Oxxos en Acayucan.
José Antonio vivía en una de las tantas colonias populares que tiene Veracruz, donde la pobreza y hambre de las familias no encuentran en su mesa las promesas de los discursos políticos de quienes nos han gobernado y de quienes hoy nos gobiernan y callan ante su incapacidad e indolencia.
José Antonio vivía en una de las colonias populares de Acayucan, y, seguramente, esos pesos que llevaba a su casa servían para mitigar el hambre y alentar la esperanza de una vida mejor.
A pocas horas de haber encontrado el cadáver de José Antonio, fue ultimado a balazos un hombre apodo “El Tavo”, Gustavo Landa Primo, ex presidiario al que por alguna razón aun no explicada por las autoridades correspondientes se le señala de haber sido quien en complicidad con otro sujeto detenido por los detectives de la Policía Ministerial destacamentada en Acayucan, habrían sido los responsables de haber abusado sexualmente y dado muerte al menor.
¡Ojalá que los asesinos paguen su crimen! Exclama una persona a pocos metros del cadáver de Gustavo Landa Primo, quien vivía en la calle Morelos con calle 20 de noviembre en el populoso barrio La Palma, de Acayucan.
La muerte tiene permiso…

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