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¡Santa Ana!

elmanifiesto.com.mx
julio26/ 2020

Déjame que te cuente…

 

Por Sergio M. Trejo González

Es nuestra Señora, madre de María, aquella, a quien preguntaban porque lloraba el niño, Jesús, su nieto. Así lo recuerda esa letanía, propia de tiempos navideños, donde alguien responde cuando la criatura se priva en lágrimas por una manzana extraviada.
Bueno, pues hoy es día de Santa Ana, oportunidad para felicitar a todas y cada una de las Anas habidas y por haber.
La lista es larguísima.
Conozco para empezar una familia completa de mujeres con ese nombre y algunos complementos y variantes.
Saludos para todas y para todos los que así se llamen. Porque hay varones que se llaman Santana.
Pero bien, al margen de mis divagaciones, deseo, quiero y significo, que es Cumpleaños de Doña Ana María Lara Villar.
Le decimos doña Anita, en diminutivo, a pesar de su estatura, por la que sobresale y se distingue desde cualquier distancia.
Es también la señora Fortanet, doña Anita, por el apellido tomado de su esposo, don Emilio, un hombre de aspecto sobrio y serio. Un Señor, caballeroso y fino. Imponía un respeto muy especial el padre de toda la dinastía Fortanet Lara, a la que me acerqué desde chamaco por cierta amistad con Rafael, mi condiscípulo, qepd, el segundo de algo así como unos 8 hermanos.
Entiendo que doña Anita tiene su origen en Tuxtepec, Oaxaca, aunque es más jarocha que la bamba y radica en Acayucan desde 1962.
Desde entonces la señora Fortanet a recorrido todos los cargos y responsabilidades políticas y sociales.
Diputada, sindica, regidora, delegada y madre de familia. Una, dos, tres y muchas veces, por muchos años. Ella siempre presente y dispuesta a servir en las instituciones, no solo de gobierno sino educativas. En la fundación del CECYT 208 (hoy CBTIS 48), en el ITSA.
Donde hubiera y donde haya algo que gestionar en favor de un conglomerado: Doña Anita.
No me alcanza el teclado de mi celular para repasar y subrayar la trayectoria valiosa de servicio a la colectividad. Una mujer pulcra en su vida, elegante en su aspecto, honorable en sus responsabilidades y dispuesta siempre para sus semejantes.
Con presencia y prestancia.
Excelente vecina y compañera de trabajo invaluable e invariable.
Doña Anita: Gracias. Se que no le resultaba fácil soportar las zancadillas y la cizaña y la infamia y la injuria y la diatriba, de los políticos de pacotilla y los políticos de banqueta y la fauna que por estos recovecos palaciegos se atraviesa y se confunde.
Tan fácil que resulta para muchos tirar la piedra y esconder la mano desde el anonimato, desde la oscuridad. Sin el valor civil y la calidad moral que a personas como usted le sobran.
Me consta Señora su dedicación y su entrega incondicional para las causas nobles; por eso su categoría y su imagen con los años se agiganta.
Por eso mi cariño y mi reconocimiento.
Dios la bendiga siempre.
“Estas son mañanitas, que cantaba el rey David…”

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