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Temoyo, un lugar encantado

elmanifiesto.com.mx
julio28/ 2020

*Los manantiales que se recuerdan
Por Reginaldo Canseco Pérez
Cuenta la tradición que el jefe político del cantón de Acayucan, el ingeniero don Ángel J. Adonegui, en 1908, año en que llegó, acondicionó los manantiales originales de Temoyo. Hizo, para ello, tres pocitos en donde estaban aquellos y les puso paredes de ladrillo y repello al pie del paredón de la Loma de Temoyo. Erigió enseguida, comunicándola con los manantiales, casi enmedio de la planicie, al norte pero cerca del arroyo que cruza la superficie, una fuente en forma de cúpula, de ladrillo, incrustándole cuatro tubitos que marcaban las cuatro direcciones principales y por donde escapaban los chorros interminables del preciado y vital líquido. Completó la compostura con un tanque, asimismo de ladrillo y repello, adaptado a la fuente por el lado poniente, cuya longitud se extendía en esa dirección. El estanque media, aproximadamente dos metros de largo por uno de ancho y uno de hondo. Así lo relataba don Pedro R. Ramón Ortiz, nacido en 1888, después del ciclón.
Temoyo, con este manantial y aljibe, cobró mayor vida. Temoyo parecía una fiesta. La gente se arremolinaba alrededor de la fuente esperando su turno para llenar en los tubitos sus cántaros y sus recipientes de lata. Todo el día, de mañana y tarde, se repetía esta escena. Las mujeres acarreaban agua de Temoyo para sus hogares, en cántaros o en latas cuadradas de las llamadas alcoholeras o de galletas, a la cabeza, amortiguada con un yagual. Doña Petra Castillo Culebro, nacida en 1932, da su testimonio al respecto:” Yo traía agua de Temoyo para mi casa en lata cuadrada; otras veces la acarreaba con cántaro y yagual a la cabeza y un cubetita de lámina en la mano, en puro equilibrio, sin sostener el cántaro con la otra mano”. En caso de que la muchacha no llevara la rosca de trapo nombrada yagual, cargaba con delicadeza el cántaro rojizo, lleno, sobre su hombro, mientras lo asía con una mano. Los hombres realizaban este trabajo recurriendo a dos latas y un palo, o las cargaban en burros.
Al pie de la loma norte, como al pie de la loma sur, era un paredón alto y casi vertical y la explanada donde se hallaba la fuente era honda; mucho más que ahora. “Hacia el sur, Temoyo estaba rodeado de árboles de mango, por el norte de unos árboles de aguacate”, dice Tereso Reyes. Marjorie Reyes D’ciano recuerda que en torno de Temoyo había grandes árboles de nacaste y una verde vegetación. (Acayucan Cuna de la Revolución Tomo II Cultura y Tradición)

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