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Indígena acusado de trata de personas no se suicidó, fue asesinado, denuncian sus hijos.

elmanifiesto.com.mx
julio31/ 2020

CHICTÓN, IXTAPA, Chiapas (apro).- Nereida Gómez Sánchez, la hija de Adolfo Gómez Gómez, indígena vendedor de artesanías que fue vinculado a una supuesta red de trata de menores, denunció que su padre “no se suicidó, sino que lo mataron dentro del penal”, pues su cuerpo presenta fracturas en el cráneo y golpes en diversas partes del cuerpo.

El cuerpo de Adolfo Gómez tenía una marca de ahorcamiento en el cuello, pero también presentaba una extensa fractura ensangrentada de 10 centímetros en el cráneo.

Y aunque funcionarios de la Fiscalía de la Región Altos habían pedido a la familia que ya no movieran el cuerpo del ataúd, descubrieron que tenía diversos moretones en los costados y las piernas.
Todo fue fotografiado y videograbado por la familia, aunque dicen que no saben qué hacer con todo ese material, pues no tienen dinero para pagar un abogado ni para acudir a la Comisión Nacional ni a la Estatal de Derechos Humanos.

Además, no pueden salir de la comunicad porque tienen órdenes de aprehensión por parte de la Fiscalía General del Estado de Chiapas.

Nereida Gómez insistió en que su padre no murió por “suicidio por ahorcamiento”, como asegura la Fiscalía, sino que lo mataron y después lo colgaron para simular un supuesto suicidio.
Recordó que, cuando fue detenido por elementos de la FGE, a su padre lo llevaron a darle una “paseadita”, lo que en realidad fue una sesión de tortura en la cual lo obligaron a autoincriminarse de un supuesto delito de trata de personas.
Y que, ya estando en el penal, su padre le llamó desesperado y angustiado, pues debería juntar 50 mil pesos que le estaban exigiendo otros reos dentro del penal como pago de cuota por su ingreso, una cuota que deben pagar a quienes controlan el penal, según el delito por el que se ingresa.

Niegan explotación infantil

Junto a Nereida estaban sus hermanos Herbet y Aníbal, quienes de igual forma exigieron justicia por la muerte de su padre, y rechazaron la versión de la FGE de que ellos explotaban laboralmente a los 23 niños.

Señalan que todos ellos eran hijos de cinco familias que vivían en una misma casa que rentaban entre todos, y que nadie explotaba a nadie. Que los adultos eran los que salían a vender artesanías, como collares de ámbar.
El señalamiento que acabó con su familia fue la de siete policías que decían haberlo visto un transporte público con el pequeño Dylan Esaú, de 2 años, que busca la FGE desde que fue raptado el pasado 30 de junio. Sin embargo, los policías nunca ratificaron la denuncia en contra de su padre.

Hebert dijo que su padre no era un ladrón ni roba chicos, pues si lo fuera tendría mucho dinero, sin embargo, lo poco que ganaba de sus ventas de artesanías se le iba en mantener a sus dos pequeños hijos que tenía con su segunda y actual esposa, también presa, Josefa.

Aníbal mostró fotografías a los periodistas en las que se ven las heridas y lesiones que presentaba su padre en diversas partes del cuerpo. Y que tiene mensajes de voz donde su padre le llamaba desde el penal pidiéndoles que juntaran el dinero que le exigían otros internos en el penal número 5 de San Cristóbal de las Casas, donde fue hallado muerto el lunes 27 por la mañana.
Pidieron la intervención de la Comisión Estatal de Derechos Humanos y de otros grupos defensores de los derechos humanos, para que les agilicen la entrega de los 23 niños que fueron enviados a un albergue del DIF Estatal en Tuxtla.
Dijo que, si bien algunos nacidos no tienen actas de nacimiento, no es que sean robados, sólo que, por la pandemia, cerraron algunas oficinas del Registro Civil y se han mantenido resguardados en casa.

Sus padres eran miembros de esta comunidad tsotsil, donde viven ahora unas 300 familias, pero migró hacia San Cristóbal de las Casas para vivir de la venta de artesanías y bisutería de ámbar, pero que siempre venía visitarlos porque acá tenía a sus hijos mayores con su primera esposa.
Nereida dijo que la esposa de su padre, Josefa, esta presa en la sección femenil del penal de San Cristóbal de las Casas, mientras que su hermana, María Hortensia Gómez Sánchez, y sus cuñadas Maribel Gómez Sántiz y Juana Montejo González, están presas en el penal femenil de El Amate, en Cintalapa, a donde les es imposible llegar por tener todos órdenes de aprehensión, por lo cual tampoco pueden reclamar a sus hijos.

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