El Decreto Presidencial para guardar un minuto de silencio por las víctimas de la pandemia no soluciona la urgencia de enfrentarla asertivamente.

Cuidad de México. En días recientes estuve en las oficinas del Seguro Social. Durante mi visita, una peculiar ceremonia me dejó sorprendido cuando, de manera repentina, se me solicitó levantarme de la silla para permanecer de pie durante un minuto en silencio, seguido de un minuto de aplausos. Una vez terminado aquel evento emotivo y confuso, pregunté cuál era el origen del mismo, a lo que me comentaron que se trata de un Decreto Presidencial publicado el 14 de agosto de 2020.

México registra 70 mil 821 muertes por Covid-19.

Confieso que hay días en los que ya no leo el Diario Oficial de la Federación porque lo mismo ponen y quitan publicaciones al antojo de las mañaneras o de las conferencias de los viernes sobre la Ciudad de México, por eso no me percaté que en este decreto se establece que se declaró duelo nacional durante 30 días, del 13 de agosto al 11 de septiembre del presente año, en testimonio del dolor por las muertes ocasionadas por la pandemia de covid-19. Debido a él, todos los servidores públicos de las dependencias y entidades de la administración pública federal guardan un minuto de silencio todos los días en punto de las 12:00.

Evidentemente surgen diversos cuestionamientos: ¿Será que para el 12 de septiembre ya se acabó la pandemia y no habrá más muertes? Quizá el gobierno federal tiene otros datos, o ¿se piensa que permanecer en silencio resuelve los problemas que como país estamos enfrentando? Claramente no.

Al respecto, esto nos hace reflexionar en la importancia de los minutos que se invierten en no hacer nada, en atender de manera incorrecta no sólo la pandemia, sino todo aquello que en ejercicio del poder público debería ser de atención prioritaria, sin demagogia, sin silencio y sin aplausos (estos últimos al parecer son una creación de algunas dependencias, porque el Decreto Presidencial no hace referencia a ese minuto), y dicho sea de paso, sólo es aplicable a los funcionarios, pero ese día me sumé al show de la 4T sin queja alguna.

El Instituto Mexicano del Seguro Social, como pilar de la seguridad social de nuestro país, tiene retos importantes y más ahora frente a la pandemia, contra la que claramente ha actuado de manera imprudente tanto en perjuicio de sus derechohabientes como de los patrones que sufren las acciones de cobro respecto de las cuotas obrero-patronales. Si bien es cierto que es su obligación pagar de manera puntual, también hay que decir que no se ha reflejado en un entendimiento humano ante los problemas en la caída de empleo y de ingresos de los distintos sectores productivos de la nación, lo que provoca una clara incongruencia entre la deficiente atención médica y el minuto de silencio que guardan por aquellas muertes que ocurren en sus propias instalaciones.

Desde este espacio, proponemos un minuto de atención para todos los mexicanos, incluso extranjeros, que de una u otra forma hemos sido víctimas de secuestro, extorsión, robo, homicidio, violación y tantos delitos en los que vive inmersa nuestra sociedad, sin dejar de pedir un minuto de atención médica para todos los que hemos sido afectados directa o indirectamente por el virus SARS-Cov-2, un minuto que puede ser la diferencia entre morir o vivir.

Sobra decir que las ocurrencias y decisiones de la 4T claramente no tienen la estructura de una nación. Lo mismo se toman decisiones en cuestión de minutos para cancelar o iniciar proyectos, que para designar funcionarios públicos que evidentemente no tienen el conocimiento para dirigir un determinado organismo, secretaria o dependencia. Tal es el caso de una persona que, por su velocidad al correr, se piensa que puede dirigir un organismo de deporte. Y no dejemos de mencionar a aquellos improvisados que obtienen un cargo público por la vía del sufragio -como aquel diputado que preside la comisión de cultura- nada más porque hicieron un show donde se quitan la ropa.

Evidentemente los minutos pasan, cada día se suman muertes por todo tipo de situaciones, ya sea por falta de medicamentos o de una adecuada infraestructura hospitalaria pública y mientras tanto, los funcionarios sólo piensan en minutos de poder, poder que no merece nuestros aplausos a sus ocurrencias. Mejor hablemos de la enorme responsabilidad de seguir trabajando por un México mejor, dedicando cada minuto a tomar mejores decisiones.

Un minuto de silencio por México.

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